¿Le temes a la oscuridad? Así se llamaba un programa que recuerdo haber visto en la televisión cuando era niño. En cierta medida lo veía porque me gustaba, pero también lo veía porque alguna vez temí a la oscuridad. ¿Qué es lo que nos hace temerle a la oscuridad? ¿Será lo desconocido? ¿Será que no podemos ver nada? ¿Será que “algo” pueda estar allí que yo no espero? ¿Será un posible peligro inadvertido? En cierta medida tenemos razones para temer, porque todas esas interrogantes tienen fundamento en la incertidumbre de peligro que da a luz el miedo.
En el libro de Éxodo, sin embargo, vemos una situación que ejemplifica bien la realidad del miedo, y a su vez, contradice la reacción natural del miedo. “Todos los israelitas fueron testigos de los truenos y relámpagos, del sonido de trompetas y del monte envuelto en humo; pero tenían miedo y se mantenían alejados. Así que le dijeron a Moisés: Háblanos tú, y obedeceremos; pero que no nos hable Dios, no sea que muramos. Y Moisés les contestó: No tengan miedo, Dios ha venido para ponerlos a prueba y para que siempre sientan temor de él, a fin de que no pequen. Y mientras el pueblo se mantenía alejado, Moisés se acercó a la nube oscura en la que estaba Dios.” Ex. 20:18-21 (Versión popular).
Si pensamos naturalmente, creo el miedo era evidentemente justificado e incluso razonable. ¿Por qué he de querer introducirme en una situación de tensión, caos, adversidad e incertidumbre? ¡Qué miedo! Eso pensaba el pueblo. Sin embargo, hoy quiero reflexionar en la última frase de este extracto: “… Moisés se acercó a la nube oscura en la que estaba Dios”. Moisés como todo israelita, experimentó lo mismo que ellos experimentaron: Truenos, relámpagos, sonidos estridentes de trompeta, humo. Pero él reacciona de manera diferente. Él se acerca al peligro, se acerca a la tensión, se acerca a la incertidumbre, porque no era cualquier cosa, sino más bien aunque oscuridad y humo, allí era donde Dios estaba. Esta convicción que vemos le hace decir en los versículos anteriores “No teman”. Esta convicción es resultado de haber sacado a los israelitas de Egipto guiado por la presencia y mano de Dios, esta convicción es nacida de una experiencia con Dios, que lo ha invitado y lo ha convencido de que donde esté Dios, allí ha de estar él. ¿¡Cómo iba a tener miedo!? ¿¡Miedo de qué!? Así entendemos mejor la reacción de Moisés. Si hay truenos, y mucha oscuridad, pero ¡es el Señor quien está allí! Quien los sacó de Egipto, quien los llevó a través del mar en seco, quien derrumbó las paredes de agua sobre sus enemigos. Muchas veces la presencia de Dios puede darnos ese sentimiento que le dio a los israelitas. Un sentimiento de entrar a lo desconocido, de temor y de incertidumbre. El mismo Moisés tuvo ese mismo sentimiento cuando se encontró con Dios por primera vez “… Moisés se cubrió la cara, pues tuvo miedo de mirar a Dios.” Ex. 3:6. Ahora la experiencia con ese Dios le ha permitido vencer el miedo y continuar a través de la nube oscura y habitar en su presencia.
Tengo una carga tremenda por mi generación. Es una generación que se levanta y ve un mundo caído pero aunque trata de responder, no se da cuenta que al emprender el vuelo lo hace con un ala quebrada. No importa cuánto se quiera, jamás podrá transformarse integralmente este mundo si no tomamos en cuenta que únicamente Dios transforma al ser humano. Podemos proponer buenos planes, tener proyectos innovadores, talleres de conciencia moral y ética, proyectos de ayuda social, etc., pero todo esto, aunque bueno y necesario, carece de profundidad sin reconocer que el ser humano no va a transformarse a el mismo sin que deje de poner su mirada en el yo y empieze a ver a Dios, para luego ver a su prójimo con los ojos con que Él nos ve a nosotros.
Ver al prójimo requiere que se esté consciente del lugar donde me encuentro. Hoy para mi ese lugar es la universidad. Buscando conocimiento, estudiando, aprendiendo, platicando, escuchando, sintiendo. Si en la universidad es imposible para el universitario ver su realidad, sentirla, vivirla, para reaccionar ante ella, será exactamente igual cuando salga de allí hacia el mundo. ¿Cuál es el miedo? Pues también es razonable, muchas personas, diversidad de pensamiento, mucho ruido que causa tensión en nuestras mentes. Pero también es razonable pensar, que si no se hace nada, todo seguirá tal cual está. Creo que tal como Moisés hoy estamos llamados a introducirnos en la nube oscura donde está Dios. Pueda que tengamos miedo, -si, es natural-, pero también es nuestro llamado vencerlo, porque ¡es Él que está allí!, y le conocemos. Es nuestro llamado ver hacia el cielo y clamar que su reino venga a la universidad. Clamar que su presencia esté entre nuestro entorno, no por mi, no por ti, sino por nosotros, para todos. Ver al cielo pero seguir caminando en los pasillos, ver al cielo pero seguir escuchando al amigo y al enemigo, ver al cielo pero seguir sintiendo el dolor de nuestros compañeros. Ver al cielo pero porque Él viene y a lo largo de nuestro caminar en la universidad, esperar que a la vista de todos, sea Él, Señor de la universidad. Podemos tener esa confianza y certeza, ya que al final del libro de Éxodo, vemos cómo ahora la presencia del Señor estaba con su pueblo y el miedo se ha transformado en obediencia. “Al terminar Moisés la construcción, la nube cubrió la Tienda del Encuentro y la gloria del Señor llenó el santuario. Moisés no podía entrar en la Tienda del Encuentro porque la nube se había asentado sobre ella y la gloria del Señor llenaba el santuario. Cuando la nube se levantaba de encima del santuario, los israelitas levantaban su campamento y seguían su camino, pero si no se levantaba la nube, tampoco ellos levantaban su campamento, sino que esperaban hasta que la nube se levantaba. A lo largo de todo el viaje de los israelitas, y a la vista de todos ellos, la nube del Señor estaba sobre el santuario durante el día, y durante la noche había un fuego sobre él.” Ex.40:34-38.
Qué tal amigas y amigos. Al estar en estos días navideños, me gustaría contarles un poco sobre la experiencia que tuve la semana recién pasada como voluntario en un campamento de niños de escasos recursos en Zaragoza, un municipio de Chimaltenango, departamento de mi país Guatemala. El campamento-escuela de vacaciones (le llamaré campamento desde ahora) empezó el martes 14 de diciembre y terminó el sábado 18. Los voluntarios fuimos convocados desde el domingo 12 para reconocimiento del terreno y organización previa ya que este año esperábamos a un estimado de cien niños. Algunos voluntarios por diferentes razones fueron llegando más tarde el domingo y también el lunes. Al ir acercándose la fecha del campamento, la expectativa incrementaba. Tuvimos tres o cuatro reuniones previas al campamento para planificar la estructura de lo que serían las historias bíblicas por grado -los niños eran de párvulos hasta sexto grado- y por las tardes ensamblar lo que para el sábado en la tarde sería el “Belén Viviente” -una remembranza actuada y cantada de Lucas 2:1-20, en el parque central de Zaragoza, caminando desde la escuela, a unas seis cuadras del parque-. No quisiera ocupar tanto espacio para contar día a día y detalladamente todo lo sucedido, solamente quisiera traer a sus mentes algo que particularmente tocó mi corazón y me llevó a esta reflexión y título de la entrada. Al inicio del campamento, puse a una preciosa nena en mis hombros. La llevé por las tres aulas que estaban habilitadas de la escuela cantonal, sede del campamento. Fuimos también al campito, que era nuestra área de juegos en el tiempo de recreación. Pasó a lo sumo un minuto antes de que varios de los otros niños y niñas me dijeran ¡Profe! ¡Profe! ¡Lléveme a tuto profe! La semana pasó y las palabras de los niños no salieron de mi mente. ¿Qué significa que alguien te lleve a tuto? Veamos la figura por el momento. Un niño en los hombros de alguien. ¿Qué tiene ese alguien? ¿Por qué es@ niñ@ pedía que l@ llevara a tuto? Pensando en estas preguntas, tan sencillas, me di cuenta que con su inocencia los niños me estaban enseñando una gran lección. Ellos confiaban en mi, no importaba si yo corría, si yo saltaba o daba vueltas, ellos ni siquiera estaban tan seguros de que no iba a caerme con ellos encima, en ese momento, ellos ponían literalmente toda su fe y todo su ser en mis hombros. Ellos querían que los llevara a tuto, fuera cual fuera la consecuencia. El nombre del campamento fue “Caminando con Jesús” Ahora bien, ¿quiénes de nosotros nos dejamos llevar de esa manera por Jesús? Sé que los argumentos de seguir a Jesús “sin pensar” son bastante debatidos, y con mucha razón, ya que seguir a Jesús es un acto de mente, cuerpo y corazón, pero en este momento me estoy refiriendo a aquellos momentos cuando la mente no alcanza y debemos hacer algo que no estamos seguros. ¿Qué hacemos? ¿Cómo nos dejamos llevar a tuto por Jesús? La imagen no transmite que Él no quiere que caminemos sino que quiere llevarnos a lugares que no imaginábamos y que no podríamos ir por nosotros mismos. Los niños son de los mejores teólogos que he encontrado. Viendo nuevamente el nombre del campamento, que les parece que literalmente caminé con Él como un niño siguiendo a su profe o mejor dicho, sobre su profe. Esta semana que celebramos el nacimiento de Jesús, quiero dejarles el reto de que para este nuevo año que se nos viene encima, podamos aprender a dejar que él lleve nuestro corazón por donde quiera (y junto con el corazón, todo lo demás). En este campamento, el profe llevó a los niños y niñas a en los hombros y mientras, Jesús llevó mi corazón sobre los suyos, y lo sigue haciendo. Celebrémosle con actos de adoración y obediencia, servicio y sumisión. Seamos expresión del mismo corazón de Dios al mundo. Seamos como niños sobre los hombros de su profe. Él lleva mi corazón a tuto. ¿y el tuyo?
