¿Prodigios? ¿Señales? Quién lo diría..

14 01 2011

Leyendo los primeros capítulos del libro de Hechos, me encontré con un personaje muy conocido. Seguramente al pensar en este libro, ya algunos personajes les habrán venido a la mente. Al personaje que me refiero es Esteban. Tiene una fugaz pero poderosa aparición en los capítulos 6 al 8. Hoy quiero solamente señalar unos puntos en el principio del capítulo 6 que llamaron mi atención y me hicieron reflexionar sobre cómo debe ser la influencia del hijo de Dios y de donde proviene el poder de la misma. Miremos más de cerca a Esteban y descubramos la naturaleza de su poder en el capítulo 6. Éste capítulo inicia contando un problema. El problema era que los griegos estaban murmurando contra los hebreos, diciendo que sus viudas estaban siendo desatendidas en la distribución diaria de la comida. Si observamos cuidadosamente los cinco capítulos anteriores, veremos que una de las claves para este gran avivamiento que se estaba experimentando “En aquellos días, como creciera el número de los discípulos…” (Hechos 6:1) era estar en el mismo sentir y por lo tanto actuar conforme a este sentir, que dicho sea de paso, había sido desencadenado por la predicación de la palabra y de la resurrección de Jesús (Hechos 2-5) y por supuesto impulsado por la venida del Espíritu Santo (Hechos 2). Esto significaba en resumidas cuentas que cada quien se ponía en los zapatos de todos y el resultado de ello era que “…no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.” (Hechos 4:34-35). Ahora bien, este tipo de murmuración que se nos menciona en el versículo 1 del capítulo 6, atacaba tanto la unidad en si, como los resultados de una unidad bien forjada en los principios de la palabra. Era de esperarse entonces la acción tomada de inmediato por los apóstoles, “Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir las mesas.” (Hechos 6:2). Notemos que no dice no es “bueno” o “es malo”, sino que dice “justo”. La idea es que no era adecuado descuidar el ministerio de la palabra por cualquier otra cosa. Cómo cambiarían nuestras vidas si esto sucediera a menudo en el caminar diario ¿verdad?. Los apóstoles estaban conscientes de esto, así que con la multitud reunida, le encomiendan “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.” (Hechos 6:3) Obviamente la idea no era de un desprendimiento conveniente de un trabajo considerado degradante, sino persistir “… en la oración y en el ministerio de la palabra.” (Hechos 6:4). Este punto es importante, porque muchas veces porque pensamos que un trabajo no va con nuestro nivel económico o con nuestras preferencias, optamos cambiar anteponiendo una razón espiritual como muletilla. Esto no es agradable ante los ojos de Dios y los apóstoles habiendo sido entrenados para el liderazgo en el servicio no hubieran apoyado una propuesta así de ninguno. El servicio para ellos era tan importante, que las características dadas para aquellos aptos para el trabajo eran únicas y altamente apreciadas por todos. “…de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría…”. Un momento. 1. Buen testimonio. 2. Llenos del Espíritu Santo. 3. Llenos de sabiduría. ¿Eso para “…servir mesas.” (vv. 2)? ¿Por qué? ¿Tanto se necesita? o ¿Era un estado no tan excelso e inalcanzable como lo veríamos algunos en estos tiempos? Creo que sigue siendo excelso, pero para ellos en ese momento no era algo inalcanzable, si no me creen, veamos el versículo 5 “… y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía;”. Encontraron a los siete y de Esteban se menciona nuevamente que era lleno del Espíritu Santo y se le agrega que era lleno de fe. ¿Listos para la sorpresa? Esteban, encargado de la distribución diaria de los alimentos, de servir mesas “Y …, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. Pero no podían resistir la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.” Cuando lo leí, después de muchas veces de que mis ojos pasaran por esas palabras, mi mente tuvo la idea de una persona que de mesero, saliera del restaurante donde trabajaba y colgando su delantal se pusiera en medio de una intersección en las calles y una gran plataforma se levantara en la cual él se pone a dar un gran espectáculo. ¿Qué pasó? ¿Qué cambió? y esta es la verdadera sorpresa. Esteban era el mismo, seguía encargado de lo que le habían puesto a hacer, y lo más importante, seguía lleno del Espíritu Santo, de sabiduría, de fe y con buen testimonio. Los prodigios y señales eran lo menos importante, eran resultado de su relación con Dios en el hoy, en el ahorita. Eran resultado de que el mismo Dios habitaba en Él y que en su lugar de trabajo había visto la posibilidad de engrandecerle y la había tomado. Me llama mucho la atención la frase en el versículo 10 “…no podían resistir la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.” Impresionante. Cuando dejas que el Señor controle cada fibra de tu ser, cuando haces lo que fuiste encomendado hacer, cuando estás en medio de la necesidad y con fe y sabiduría te enfrentas a tu entorno, nadie puede resistirlo. Si bien la historia de Esteban continúa (sería bueno que la leyeran toda), aquí podemos ver el ejemplo de la fuente del verdadero poder. No es grandeza, no es poder, no es dinero ni posesiones materiales, es humildad, es servicio, es fe, es sabiduría, es llenura del Espíritu Santo. Espero este año sea un año en donde podamos experimentarle como Esteban fue capaz de hacerlo. Saludos.

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