Era un domingo cotidiano. La familia se levantó temprano para llegar al servicio a tiempo. Hubo algunas discusiones para presionar Pedrito que se quedaba rezagado. Ya todos en el carro, emprendieron camino hacia el templo. Al llegar saludaron a algunos hermanos y hermanas que caminaban junto a ellos en la entrada. Pedrito se quedaba atrás y su mamá lo pellizcaba para que entrara y cuidadito y hacía una expresión de dolor. Debía lucir muy contento porque por supuesto, estaba llegando a la casa del Señor. El culto era muy motivante. Si no hubiera sido por los constantes pinchazos que Pedrito hacía en el brazo de su mamá, el culto hubiera sido sublime. El predicador motivaba a la congregación a seguir la palabra de Dios y a ser rectos en sus caminos.
De repente, un hombre desconocido para la mayoría entró a media prédica. Todos lo veían. Podría decirse que si las miradas hablaran, aparecerían inmediatamente sobre todas las personas unos globitos de pensamiento llenos de símbolos algo así: #$..?!!!. Los niños parecían reconocerle, pero mientras más años tenía la persona, este personaje era menos familiar,… y proporcionalmente también, mientras menos familiar era, más simbolitos aparecían en sus nubecitas de pensamiento #$%..&!”¡?[]¨*!!!!!!. El hombre veía a todos con una frialdad tremenda. Parecía que no podía creer lo que veía. Su mirada era una mezcla de indignación, enojo y decepción. Por supuesto el pastor tenía que intervenir. ¿Cómo podía ser que estuviera interrumpiendo su sermón? Rápidamente habló con algunos hermanos para que sin o con muy poco diálogo, sacaran a este intruso. Mientras el pastor cavilaba con los otros, este hombre ve específicamente a la familia de Pedrito, y habla para que toda la congregación escuche diciendo: ¿Es permitido hoy día sagrado de sus cultos, hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar? Pero ellos guardaban silencio. La pregunta no tenía mucho sentido para ellos. Todos pensaban que: obviamente hacer el bien y salvar la vida es lo que debe hacerse, y que de hecho ellos están allí en el culto el domingo tratando de cumplir tales cosas. Y este hombre, mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, habló a Pedrito y le preguntó ¿Qué tienes? Pedrito un poquito asustado le dijo al oído: Tengo desamarrado mi zapato, y estoy triste porque todavía no me lo sé amarrar, le he pedido a mi mamá pero ella no me hace caso. El hombre, poniéndose de rodillas en el brillante piso de cerámica, ató las cuerdas de su zapato y también ató nuevamente las del otro zapato para que no se le desamarraran. Pedrito regresó a su lugar muy contento.
¿Cómo crees que termina la historia? ¿Qué hará la congregación? Tal vez es un ejemplo un tanto sencillo, pero me temo que la iglesia de hoy encontraría esta intrusión al culto inaceptable, y que este hombre sería desechado, o mucho peor, ya ha sido desechado.
Marcos 3:1-6: Otra vez entró Jesús en una sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca. Y le observaban para ver si le sanaba en el día de reposo, para poder acusarle. Y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte aquí en medio. Entonces les dijo: ¿Es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar? Pero ellos guardaban silencio. Y mirándolos en torno con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo* al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y su mano quedó sana. Pero cuando los fariseos salieron, enseguida comenzaron a tramar con los herodianos en contra de Jesús, para ver cómo podrían destruirle.
Si, adivinaron bien. El hombre que visitó esa iglesia era Jesús. Y como vemos, su presencia no es exactamente anhelada ni mucho menos reconocida. Lamentablemente el pueblo de Dios cada vez más se amontona en los templos dejando a Jesús y su mensaje afuera. Las nuevas generaciones aprender a hacer lo mismo. Ven una cosa en casa y durante toda la semana, pero en la iglesia ven otra completamente diferente. En la iglesia pocos conocen a Jesús. Muchos dicen saber de Él y mencionan su nombre. Muchos conocen de su vida y otro montón de datos históricos. Pocos, muy pocos le conocen a Él. Se confunde creer en la existencia de Jesús con ser discípulo y estar bajo su señorío. No sé si Jesús quiera aún trabajar con los fariseos y escribas que están en las sinagogas modernas, pero lo que si es cierto es que Él va a trabajar, sea a través de la iglesia institucional o fuera de ella. Sea como fuere, estemos listos para reconocer su presencia y para que la preeminencia del bien reine sobre cualquier institución o esquema humano, inclusive sobre la propia iglesia de hoy en día.