Qué tal amigos y amigas. Debo confesar que últimamente me he sentido un tanto olvidado. Siento que estoy haciendo muchas cosas y que apesar de tantas cosas, no tengo contacto con nadie. Hasta cierto punto he llegado a sentirme rodeado de gente pero solitario. Siguiendo el camino pero como que el camino se olvidó de mi. Este martes que pasó, ibamos a discutir sobre un pasaje en la universidad, pero por ciertas cosas que se dieron, no me fue posible llegar. El pasaje era este:
Lucas 8:22-25: “Un día subió Jesús con sus discípulos a una barca. -Crucemos al otro lado del lago- les dijo. Así que partieron, y mientras navegaban, él se durmió. Entonces se desató una tormenta sobre el lago, de modo que la barca comenzó a inundarse y corrían gran peligro. Los discípulos fueron a despertarlo. -¡Maestro, Maestro nos vamos ahogar!- gritaron. Él se levantó y reprendió al viento y a las olas; la tormenta se apaciguó y todo quedó tranquilo. -¿Dónde está su fe?- les dijo a sus discípulos. Con temor y asombro ellos se decían unos a otros: “¿Quién es éste, que manda aun a los vientos y al agua, y le obedecen?”.
La discusión iba enfocada a ciertas cosas que no me interesa mencionar, más bien quiero compartir lo que vi después del martes al seguir estudiándolo. La primera cosa que pude ver es que los discípulos y Jesús suben juntos. Pueda que no tuvieran idea o que creyeran tener idea de lo que iban a hacer, ya que algunos eran pescadores, pero suben a la barca juntos. Al pensar en la barca, viene a mi mente dinamismo. Sea como sea, si uno se sube a una barca, ésta se mueve. A cualquier paso, al estar sobre agua, ésta responde con un movimiento más o menos oscilante. En este caso varios suben para ir a un lugar determinado. Subir con Jesús a la barca y hacer lo que él sugiere (ir al otro lado del lago), implica que fuera lo que fueran a hacer al otro lado del lago, que ellos querían ir con Jesús y que lo querían llevar en su barca. Muchas veces queremos hacerlo de esa manera ¿no?. Llevar a Jesús con nosotros, hacer lo que Jesús nos ha dicho y llegar a donde Él quiere llevarnos. Totalmente de acuerdo, pero el viaje no queda allí. Suceden ciertas situaciones que prueban nuestra determinación y algunas otras cosas que vamos a mencionar más adelante. No perdamos de vista que el pasaje dice que “…mientras navegaban, él se durmió”. ¿Qué implica esta aparente pasividad de Jesús? Él les dijo que fueran al otro lado del lago, Él subió con ellos en la barca, juntos, emprendiendo un viaje juntos… pero ahora se durmió. Imagino que esto inicialmente no causó problemas para los discípulos. Tal vez hasta lo habrán visto y dijeron: pobre el Maestro, ha estado sanando y predicando tanto, seguramente está agotado y necesita un tiempo de descanso. ¿Cuánto tiempo habrá pasado para que empezara la tempestad? Si hubiera empezado inmediatamente, creo que fácilmente hubieran podido regresar, pero el pasaje dice que Jesús se durmió mientras navegaban. O sea que empezaron el viaje y llegaron a un punto de no regreso y durante ese tiempo, Jesús se queda dormido. En este punto es donde sucede que la barca empieza a inundarse y una tormenta los visita. Me ponía a pensar, ¿cómo se sentieron los discípulos? Obviamente muy asustados, pero, al ver a Jesús dormido, siendo Él quien los había embarcado en el viaje… en el paralelo de este pasaje en Marcos 4:35-41, creo que se ve un poco mejor lo que les quiero transmitir, allí lo que los discípulos dicen es: ¡Maestro! ¿no te importa que nos ahoguemos? O sea.. ¡Jesús! ¿No ves que estoy aquí siguiéndote y me vas a dejar que me muera? ¿No ves que estoy haciendo lo que vos en primer lugar dijiste que hiciera y ahora me dejás solo? ¿Que no ves que estoy siguiendo tu camino y éste me lleva a la perdición? ¿Estás ciego? ¿No que mucho sanar y predicar y ahorita te vas a morir con todo y nosotros? Imagino cualquier clase de pregunta incriminatoria que refleje el total abandono y desconcierto que los discípulos sintieron. Lo que no me fijé al principio, fue que yo estaba en el relato y que le estaba preguntando eso al Jesús dormido, tratando de despertarlo. ¿Cómo hacemos eso no? Culpamos a Jesús por decisiones que nosotros tomamos. Si, hemos hecho las cosas siguiéndole a Él, queremos ir a donde Él nos llama, pero no queremos vivir tormentas ni tempestades. Cuando las vivimos y sentimos el miedo, sentimos la soledad, sentimos el olvido, allí ya no queremos. Pues o sorpresa, ¡el camino involucra peligros, sentimientos que no quería experimentar, situaciones que no quería pasar! ¡involucra duda y momentos donde culpamos a todo el mundo, más a Dios!
Algo que me dio muchísimo ánimo luego de mucho tiempo de no entender yo mismo (tal como lo discípulos), fue que Él se despierta, Él calma la tormenta y lo que más llama mi atención es que los discípulos, si bien Jesús les recalca que aún les falta conocerle y que aún no conocen la totalidad del Jesús que tenían enfrente, terminan conociendo una parte de Él que todavía no habían visto. De allí el título de la entrada: Redescubriendo a Jesús. Los discípulos conocían al Jesús que sana, que predica, que hace milagros, pero hoy conocen a un Jesús que tiene poder sobre la naturaleza, sobre el agua, sobre el viento, sobre los corazones con miedo y sobre las mentes con los pelos de punta. Si hoy Jesús duerme en tu vida, si hoy Jesús te ha llevado hasta donde estás y hay dificultad, oposición, soledad, incertidumbre.. sólo quiero decirte que Jesús no duerme para siempre. Te está dando este espacio, esta oportunidad, para que conozcas más de Él, para que conozcas nuevas cosas y nuevas dimensiones de su amor, poder y dirección, Él está durmiendo para que al despertar te encuentres con una fe que solamente a través de la tempestad ha de nacer.
Gracias
por compartir
This was really encouraging to read. Thanks for sharing your thoughts, and I hope that all is well with you since we visited.
Bonita reflexión, gracias por compartir. Bye.