He estado pensando en cómo somos influenciados por tantas corrientes en el mundo. Por un lado están las ideas que bombardean nuestra mente en la publicidad, en la televisión, en la radio, en la boca de la gente que camina a nuestro lado y también las ideas y creencias que la cultura predominante considera pertinentes y que practica. Por otro lado tenemos también lo que la gente o círculo cercano de amigos y familia piensa y cree que cada quien debe hacer. Todos parecen tener una idea muy clara o por lo menos a veces, más clara que nosotros, de lo que debemos hacer y de lo que debemos pensar e incluso sentir. ¿Cómo armonizar con todo este bombardeo? La única forma de responder es tener en mente qué es lo que queremos hacer, a quién debemos escuchar y a quién no. Ahora bien, creo estar tocando fibras sensibles, ya que con mucha cordura podemos argumentar que hay gente muy sabia a nuestro al rededor (no mucha pero si hay) que puede guiarnos, pero el punto aquí no es descartarlos a ellos sino más bien, llevarnos a entender que todo se focaliza no en las personas, sino en el Señor. Necesitamos ver, más que ser aconsejados, necesitamos ver a Jesús encarnado y no tanto una plática o prédica (que son buenas) sobre un tal Jesús. Creo que hemos abandonado el ejemplo de Jesús por la historia de Jesús. Me preocupa esto porque es como dejar de barrer y empezar a decir cómo debiera barrerse sin yo mover un dedo. Si el evangelio radica en Jesús, y a través de Él llegamos a conocer la identidad de Dios y la realidad de Él, no debemos meramente hablar de Él, sino encarnarlo también.
El llamado hoy es a pensar y reflexionar en lo que estamos viviendo, en lo que estamos dejando que sea influencia en nosotros y a ser capaces de discernir la voz de Dios y darle el lugar que se merece en nuestras vidas. No vamos a decir, primero, segundo, o tercer lugar, porque esto quiere decir que al “cumplir” con lo que había en el primer lugar, sigo con lo que va de segundo y etc. No. Lo que vamos a decir es que darle el lugar a lo que Dios dice y a lo que Dios es, requiere que entendamos que Él está en todas las áreas de la vida y que para darle su justa dimensión debemos aprender a vivirla en la vida completa. ¿Cómo podemos decir desear verlo y amarlo sin someternos a negarnos a nosotros mismos? Es bonito y edificante cantar todo tipo de cosas el domingo en la mañana y escuchar radios cristianas que dan retazos de sabiduría, pero ¿qué mejor que ir a la fuente y someternos a ella con humildad? No hay nada como buscar, luchar y vencer juntamente con aquel que nos buscó, luchó y venció en la Cruz para darnos libertad y vida. A Él debemos el aire que respiramos y cada latido de vida que hay en nosotros. ¿Cómo no vivir para Él? ¿Cómo no exhalar su aroma aunque sea a costas de sacrificar mi carne y desaparecer el yo? ¿Cómo no hacerlo si él murió en carne siendo perfecto para darnos salvación? No ha habido vez que el amor y gracia del Señor nos haya fallado y así será por la eternidad.
Que toda la creación cante y alabe al Señor que está en el trono, gloria, honor y alabanza, que toda la eternidad haga eco y esté en sintonía con el canto de salvación y que el Señor del universo sea en nuestros corazones y en nuestro caminar de cada día. Jesús.