¿Le temes a la oscuridad? Ven a la universidad

17 08 2011

¿Le temes a la oscuridad? Así se llamaba un programa que recuerdo haber visto en la televisión cuando era niño. En cierta medida lo veía porque me gustaba, pero también lo veía porque alguna vez temí a la oscuridad. ¿Qué es lo que nos hace temerle a la oscuridad? ¿Será lo desconocido? ¿Será que no podemos ver nada? ¿Será que “algo” pueda estar allí que yo no espero? ¿Será un posible peligro inadvertido? En cierta medida tenemos razones para temer, porque todas esas interrogantes tienen fundamento en la incertidumbre de peligro que da a luz el miedo.

En el libro de Éxodo, sin embargo, vemos una situación que ejemplifica bien la realidad del miedo, y a su vez, contradice la reacción natural del miedo. “Todos los israelitas fueron testigos de los truenos y relámpagos, del sonido de trompetas y del monte envuelto en humo; pero tenían miedo y se mantenían alejados. Así que le dijeron a Moisés: Háblanos tú, y obedeceremos; pero que no nos hable Dios, no sea que muramos. Y Moisés les contestó: No tengan miedo, Dios ha venido para ponerlos a prueba y para que siempre sientan temor de él, a fin de que no pequen. Y mientras el pueblo se mantenía alejado, Moisés se acercó a la nube oscura en la que estaba Dios.” Ex. 20:18-21 (Versión popular).

Si pensamos naturalmente, creo el miedo era evidentemente justificado e incluso razonable. ¿Por qué he de querer introducirme en una situación de tensión, caos, adversidad e incertidumbre? ¡Qué miedo! Eso pensaba el pueblo. Sin embargo, hoy quiero reflexionar en la última frase de este extracto: “… Moisés se acercó a la nube oscura en la que estaba Dios”. Moisés como todo israelita, experimentó lo mismo que ellos experimentaron: Truenos, relámpagos, sonidos estridentes de trompeta, humo. Pero él reacciona de manera diferente. Él se acerca al peligro, se acerca a la tensión, se acerca a la incertidumbre, porque no era cualquier cosa, sino más bien aunque oscuridad y humo, allí era donde Dios estaba. Esta convicción que vemos le hace decir en los versículos anteriores “No teman”. Esta convicción es resultado de haber sacado a los israelitas de Egipto guiado por la presencia y mano de Dios, esta convicción es nacida de una experiencia con Dios, que lo ha invitado y lo ha convencido de que donde esté Dios, allí ha de estar él. ¿¡Cómo iba a tener miedo!? ¿¡Miedo de qué!? Así entendemos mejor la reacción de Moisés. Si hay truenos, y mucha oscuridad, pero ¡es el Señor quien está allí! Quien los sacó de Egipto, quien los llevó a través del mar en seco, quien derrumbó las paredes de agua sobre sus enemigos. Muchas veces la presencia de Dios puede darnos ese sentimiento que le dio a los israelitas. Un sentimiento de entrar a lo desconocido, de temor y de incertidumbre. El mismo Moisés tuvo ese mismo sentimiento cuando se encontró con Dios por primera vez “… Moisés se cubrió la cara, pues tuvo miedo de mirar a Dios.” Ex. 3:6. Ahora la experiencia con ese Dios le ha permitido vencer el miedo y continuar a través de la nube oscura y habitar en su presencia.

Tengo una carga tremenda por mi generación. Es una generación que se levanta y ve un mundo caído pero aunque trata de responder, no se da cuenta que al emprender el vuelo lo hace con un ala quebrada. No importa cuánto se quiera, jamás podrá transformarse integralmente este mundo si no tomamos en cuenta que únicamente Dios transforma al ser humano. Podemos proponer buenos planes, tener proyectos innovadores, talleres de conciencia moral y ética, proyectos de ayuda social, etc., pero todo esto, aunque bueno y necesario, carece de profundidad sin reconocer que el ser humano no va a transformarse a el mismo sin que deje de poner su mirada en el yo y empieze a ver a Dios, para luego ver a su prójimo con los ojos con que Él nos ve a nosotros.

Ver al prójimo requiere que se esté consciente del lugar donde me encuentro. Hoy para mi ese lugar es la universidad. Buscando conocimiento, estudiando, aprendiendo, platicando, escuchando, sintiendo. Si en la universidad es imposible para el universitario ver su realidad, sentirla, vivirla, para reaccionar ante ella, será exactamente igual cuando salga de allí hacia el mundo. ¿Cuál es el miedo? Pues también es razonable, muchas personas, diversidad de pensamiento, mucho ruido que causa tensión en nuestras mentes. Pero también es razonable pensar, que si no se hace nada, todo seguirá tal cual está. Creo que tal como Moisés hoy estamos llamados a introducirnos en la nube oscura donde está Dios. Pueda que tengamos miedo, -si, es natural-, pero también es nuestro llamado vencerlo, porque ¡es Él que está allí!, y le conocemos. Es nuestro llamado ver hacia el cielo y clamar que su reino venga a la universidad. Clamar que su presencia esté entre nuestro entorno, no por mi, no por ti, sino por nosotros, para todos. Ver al cielo pero seguir caminando en los pasillos, ver al cielo pero seguir escuchando al amigo y al enemigo, ver al cielo pero seguir sintiendo el dolor de nuestros compañeros. Ver al cielo pero porque Él viene y a lo largo de nuestro caminar en la universidad, esperar que a la vista de todos, sea Él, Señor de la universidad. Podemos tener esa confianza y certeza, ya que al final del libro de Éxodo, vemos cómo ahora la presencia del Señor estaba con su pueblo y el miedo se ha transformado en obediencia. “Al terminar Moisés la construcción, la nube cubrió la Tienda del Encuentro y la gloria del Señor llenó el santuario. Moisés no podía entrar en la Tienda del Encuentro porque la nube se había asentado sobre ella y la gloria del Señor llenaba el santuario. Cuando la nube se levantaba de encima del santuario, los israelitas levantaban su campamento y seguían su camino, pero si no se levantaba la nube, tampoco ellos levantaban su campamento, sino que esperaban hasta que la nube se levantaba. A lo largo de todo el viaje de los israelitas, y a la vista de todos ellos, la nube del Señor estaba sobre el santuario durante el día, y durante la noche había un fuego sobre él.” Ex.40:34-38.

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